San Isidro era el destino,un viaje que se hizo demasiado largo y dos dias de música por venir.
Me dispuse a encontrarme con amigos de
buen humor y disfrutar del encuentro con la música en vivo y en
directo.
El Hipódromo en donde se realizo el
Lollapalooza en Buenos aires era la arquitectura del entorno, pero la realidad
es que solo era la puerta de entrada hacia el campo mismo, metros y metros
separaban las formas del contenido de la apuesta rockera del año.
Cuatro escenarios, grandes templos al aire libre que rugían como motores de luz y sonido; tambien, muchos puestos
de comidas inusuales para un festival de rock como el helado de Freddo o un Café
Martínez...Mientras, mesas y sillas al estilo OctoberFest ocupaban una parte del
inmenso predio, un espacio para niños con payasos, juegos y recitales cerraban
el circuito Apto para todo publico.
El primer recital que recepcionaron mis
oídos sensibles, me decepcionó bastante.
Julián Casablancas salía a escena
mientras las nenas que iban a ver que onda, preguntaban quien era...
La propuesta sonora característica de los Strokes,
la voz con ese efecto que lo deja muy atrás, y un sonido excesivamente fuerte
opacaban mi primera impresión del evento.
Luego para hacer tiempo e ir buscando
un lugar especial para el show de Nine inch Nails, me tope con una banda nueva,
Imagine Dragons, que de a poco me fue agradando, parecen ser el ultimo modelo
del rock actual, mezcla de Chemical Romance con Muse pero con una impronta norteamericana,
tamizado por momentos, con estructuras electrónicas tipo Skrillex; además venían
con un cover de Blur en el combo también...
A nivel escénico tenían actitud de comerse
el escenario y aportaba como elemento original un bombo gigante al que le daban
duro en muchos temas. Aprobado.
Mas tarde,mientras sonaba lo que parecía ser un
buen show de Phoenix de lejos, la noche se hacia presente junto a los
seguidores de Trent Reznor y compañía haciendo juego.
Nine inch nails era lo que venia a ver,
así que me deje llevar por mis amigos que son mas fans que yo y me mande adelante,
ahí cerca de las vallas.
Entre apretujones, saltos en maza, un
pie del mosh encima mío, duré cuatro temas, si,toy viejo...
Sonaron de puta madre, mas atrás se
escuchaba mucho mejor, la combinación de sangre y electrónica se entrelazaba
perfectamente, temas como Copy of A invitaban al goce del trance y otros
como March of the Pigs al pogo en la olla, marca registrada del
lollapalooza.
Luego vino Arcade Fire ya más relajado,
viendolo de lejos, mirando la pantalla.
La orquesta discorock canadiense puso
en duda mi conocimiento de esta década y me quede con la sensación de que me
estaba perdiendo algo.
Aunque bueno, por momentos me aburrí y
me fui a comer un paty salado.
Y así se fue la noche con fuegos artificiales,
gente y más gente saliendo tratando de llegar a su destino, para luego al otro día
volver con la pulserita puesta.
El día 2 arranco con Johnny Marr,
entrando tarde mirando de reojo la presentación de Pez, a la misma hora.
El otro líder de The Smiths se destaco
por revivir esa noble nostalgia de los ochentas, tocando cuatro temas de su
banda insignia y uno del dúo que tuvo con Bernard Summer, Electronic.
Un digno sonido en vivo, esos punteos característicos
de la época, sutil, brillante,demasiado para las cuatro de la tarde.
Un paseo posterior por el merchandising
del festival buscando la famosa canilla de agua gratis, me topo con el Show de
Afi.
Banda del ultimo coletazo post New
Metal gótico, dio un show de rock fuerte y contundente al que vi tranquilo
sentado en el pasto.Ya a esta altura una cruz invertida en la espalda me
causa gracia.
Se asomaba en el escenario de al lado
la previa de lo que seria el recital de Pixies que venia con el detalle de la presentación
oficial de la bajista Argentina.
Lo que es interesante a nivel sonido de
esta banda es la presencia notoria del bajo, algo de ruido de las guitarras (solo
de cable incluido), ruido de voces...Noise y mas Noise.
Tocaron dos clásicos como Monkey gone
to heaven y Where is my mind para cerrar, veinticuatro temas seguidos de los
Pixies no son para cualquiera, y la verdad que lo termine padeciendo.
Soundgarden fue una de mis bandas de
cabecera en mi adolescencia grunge, verlos era una cuenta pendiente.
Algunos problemas con el bajo no impidieron
que lo disfrute moviendo el cuello, cantando y cerrando los ojos, tamizando algún
recuerdo de aquellas épocas, el tono sepia de la pantalla coloreaba la escena
perfectamente.
Chris Cornell y Compañía mantienen la
esencia intacta de la banda, yo con Like Suicide y Fell on Black Days ya estaba
hecho.
Luego vino Red Hot Chilli Peppers para
cerrar,Chad Smith dando catedra con la bata,se destacó del resto...
Un sonido de bajo muy pobre desajustó la escucha general y bueno... la retirada, que al otro día había que laburar.
Mientras todo pasa escribo dejando la
huella.
Los sonidos se van rápido...
Pd: Agradecimiento especial a la
persona que consiguió las entradas!
