sábado, agosto 17, 2013

Mr. Moonlight Tour

A poco más de un año de su última visita, con la excusa de presentar sus clásicos temas de Bauhaus (en una gira que festeja los 35 años de la mítica agrupación) el legendario Peter Murphy volvió a Buenos Aires.
Con el enérgico clima dejado por la banda soporte "Flood Of Tears", el telón de Vorterix se abrió para dar inicio a una sutil introducción acústica, allí la guitarra de doce cuerdas de Mark Thwaite comenzaba a penetrar en cada uno de los presentes mientras Peter derramaba sensualidad con su voz gutural.
La profunda interpretación de la oscuridad dejó paso al ritmo entrecortado de "Double Dare" y de "In The Flat Field", con el bajo y la batería tomando posesión, marca registrada de Bauhaus.
Luego de enojarse con la organización del lugar y decirle al público que iba a intentar hacerlo de la mejor manera posible, el show comenzó a mejorar. "Strange Kind Of Love", el único tema de la carrera solista tocado en la noche, puso las emociones a prueba gracias al violín de Emilio China, el bajista de la banda de Murphy.
Otro momento alto del show fue con uno de los temas clásicos aclamado por el público "Bela Lugosi's Dead", allí Peter Murphy arremetió con el espectro sonoro, jugando con un sintetizador mientras capas de delay sincronizaban en los oídos del público. La hipnosis continuó con la bailable "Kick In The Eye" con Murphy saltando y tocando un teclado melódico.
Poseído por el "espíritu santo" se apoderó de los presentes en la ruidosa e intensa "Stigmata Martyr" seguido de "Dark Entries". Luego bajando unos decibeles en "Severance", cover de los míticos Dead Can Dance, cerrando el show previo a los bises.
La noche revisionista enmarcada en la gira "Mr. Moonlight Tour" culminaba con el hit "She's In Parties" y con las versiones que siempre interpretaban de T. Rex, "Telegram Sam", y "Ziggy Stardust" de David Bowie.
Bauhaus siempre fue difícil de catalogar más allá de comulgar con lo oscuro, todavía hoy sus temas siguen siendo genuinos e inigualables, raros e incomprensibles.
Hoy sigue siendo increíble ver en escena, a los 56 años, a este señor de impronta gótica: sus duelos con las luces, sus miradas al horizonte, sus movimientos elegantes, su estampa actoral hacen que cada presentación suya sea una demostración de buen gusto, única. 


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